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La crisis y su supuesta capacidad catárquica, o cómo quedarse sentado esperando que baje Dios y lo arregle todo solito

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Un meme recorre Europa, y este no mola. La última tendencia en la izquierda se puede resumir en “espera un poco, que verás cómo se arma la de Dios y al final ganan los buenos”.

El pensamiento judeocristiano pesa como una losa sobre occidente, y la izquierda no se libra de él. Uno de los pilares de ese tortuoso modo de pensar es la peregrina idea de que del sufrimiento se sale ganando: Deja que te claven en una cruz como a un gato, que redimirás el mundo, y así, extendiendo el principio, jódete la vista estudiando que serás un hombre de provecho, curra como un esclavo que serás mejor persona o no folles y verás a Dios. A remarcar la sutileza que hace que nos suene plausible, la salvajada: cerca, muy cerca de esta idea está la de que hace falta esforzarse para conseguir un objetivo. ¡Cómo dudarlo! Para redimir el mundo tienes que esforzarte, pero clavarse en un madero, aparte de extremadamente doloroso, no ayuda, simplemente jode. Estudiar mucho ayudará a que crezcas como persona, pero coño, cuida tu vista, que también la necesitarás para ejercer como tal; trabaja mucho si quieres conseguir fines concretos, pero no por hacerlo sometido a alguien de manera servil vas a mejorar como persona, antes al contrario.

Lo de no follar es una gilipollez se mire como se mire, esa no se salva.

¿Y qué tiene todo esto que ver con este blog? Bueno, siempre procuro hablar aquí de los espejismos de la izquierda, aunque me he propuesto, también, hablar de los fines que creo debería de buscar. si que si vuelvo con los espejismos, acabaré de hablar de éste en concreto señalando la alternativa que deberíamos de plantearnos. En mi humilde, corta y personal opinión. Cómo si no.

Lo que vengo a decir es que el meme que se ha empeñado en ganar todas las mentes entre la izquierda, sobre todo la perrofláutica pero también la conspiranoica, con el advenimiento de la crisis, es precisamente ese: Dejemos que la mierda llegue al cuello de la clase media, que no hace la revolución que me molaría, y verás cómo ella solita viene a mi liderazgo ansiado (y no confeso) para tomar el palacio de invierno, o el Banesto, que los tiempos cambian. Y me gustaría remarcar lo profundamente retrógada, peligrosa y paralizante que resulta esa idea.

Por un lado, es retrógada como pocas precisamente porque cae en la falacia con la que empezaba este post: ¿Porqué demonios tenemos que pasar las de caín, si podríamos llegar a una sociedad mejor sin ver muertos por las calles, qué coño ganamos, sufriendo, imbécil? La fantasía sadomasoquista de Cristo ha calado tanto que cuesta darse cuenta de que consiste básicamente en olerse los propios pedos…

Encuentro que es MUY peligrosa porque, de entrada, está presuponiendo que del caos tiene que salir, necesariamente, el orden que prefieres. ¿porqué diablos tendría que ocurrir algo semejante? Lo que tiene el caos es que es… caótico. No es predecible. Si mañana estallan las calles y arde Europa, como dicen con cierto tono camuflado de esperanza algunos, yo apostaría más porque triunfe algún fascismo de nuevo cuño que “asegure” la seguridad en las calles, los negocios y la virginidad de las mujeres, “valores” que suben como la espuma cuando se dispara el miedo, que es justamente lo que sube cuando ves cadáveres. Ese pequeño detalle suele pasar desapercibido por quien vive de espaldas a la realidad y ve demasiadas películas de violencia estilizada, claro. Es peligrosa porque es justamente la apuesta que yo haría si fuera fascista… Y es la apuesta que HACE el fascismo, incluso a niveles más livianos que los cabezas rapadas: ¿acaso no hace otra cosa Berlusconi, o Esperanza Aguirre: Fomentar la mierda, para presentarse, gracias a su control de los media, como el que nos puede sacar de ella? ¿y pretenden que seguirles el juego es hacer política de izquierdas?

Por último, esta idea es profundamente paralizante, y quizás este sea el peor de todos los puntos, porque la capacidad de este meme de desactivar a la izquierda es increíblemente poderosa y multifacética; me cuesta imaginar algo que haga mejor el juego a la derecha que la propagación de esta idea: No votes, total, no es tu juego, oye, deja que ganen una y otra vez ellos. ¡Cuanto peor, mejor¡ Lo tendrás, sin duda: Los peores son los que serán votados por los electores con el espíritu de esclavo y perro faldero, ellos serán quienes heredarán la tierra, y tú les habrás ayudado, quedándote mirándolo mientras te dices algo así como “jiji, ahora verás, jiji”. No vayas a las manifestaciones, ¡no sirven para nada¡ Lo que habría que hacer es… y a continuación oirás toda una retahíla de reivindicaciones campanudas que aparte de irrealizables a corto, medio y a veces largo plazo, en realidad tienen mucho más de cartón piedra que de otra cosa: Proclamar la república (¿cómo vamos a avanzar con un rey que nos puso Franco?¡ No no, o república o nada sirve de nada), ilegalizar el PP, nacionalizar la banca, proclamar la independencia de Navalcarnero (cómo vas a hacer nada interesante, si no proclamas la independencia, hombre¡)…

Tampoco te molestes en afiliarte a ningún partido (todos vendidos, claro), califica el sistema electoral de profundamente injusto y el responsable de que no vivamos en democracia, en vez de pensar en cómo usarlo para tus fines… En resumen, no hagas NADA salvo sentirte guais.

Si fuera fascista y pensase qué idea lanzar para socavar al enemigo, me encantaría encontrar una así.

Pero quería mirar todo esto desde un punto de vista positivo, y así lo haré.

Si hablaba de la falacia del sacrificio, pensemos un instante lo que podemos conseguir con la parte verdadera de esa falacia: El trabajo duro, racional y bien dirigido. Sueño con una izquierda racional, cualquiera que haya leído algo de este blog lo sabe, precisamente por eso, porque creo que si conseguimos pensar con la cabeza fría y bien amueblada… ¡Ah, lo que podemos conseguir¡ Si en vez de obsesionarnos con la catarsis nos ponemos a trabajar metódica, lenta y continuamente, podemos llegar a donde queramos. El panorama, no hay que olvidarlo nunca, siempre es dinámico, y la tendencia es mala, pero la instantánea actual no es tal, si la comparamos con casi cualquier otro momento del pasado: todavía tenemos libertades que usar, todavía podemos hablar, reunirnos y movernos, incluso sin salirnos un ápice de la legalidad, antes de que lo impidan es un pecado, este si, no usarlos.

Si hablaba de lo peligrosa que resulta esta idea, como dispensadora de miedo, ese enemigo de la razón, pensemos lo que podemos conseguir con un ciudadano bien informado, adiestrado en el uso de la razón y el control del miedo y la paranoia. Pensemos en lo fructífera que podría ser la idea contraria, que no es que el sistema está bien y que todo va perfecto como se empeñará en reprocharte quien te defienda el meme, si lo criticas. No, la idea contraria a la catarsis no es que sea inoportuno, lo contrario es que es superfluo: Lo que tenemos que hacer es conseguir metas, poco a poco, paso a paso, no con grandes gestos sino con pequeñas señales. Empujando poquito a poco: Ahora consigue que Wikileaks siga trabajando para que los temas que se planteen en los media sean los que no le interesan al poder; ahora empuja para que en las próximas elecciones el PP no consiga un escaño más; ahora, simplemente, habla con ese compañero que repite machaconamente lo que lee en medios intolerantes, en vez de callar, y trata de que no propage tan fácilmente ideas racistas, o conspiranoias, o falacias.

Y por último, señalaba lo profundamente paralizante que puede ser esta idea. Para entenderlo, basta fijarse en el último punto que acabo de señalar, y multiplicarlo por mil: En vez de paralizarnos, pensemos qué hacer, y de repente todo un mundo de posibilidades se abre ante nosotros. ¿Cómo podemos usar el sistema, para llegar a donde queremos? ¿Cómo debemos de votar? ¿qué iniciativas apoyar? ¿Qué podemos hacer, maldita sea, en vez de quedarnos esperando a que baje Dios a hacer nuestro trabajo? ¿porqué no en vez de esperar la revolución, no cambiamos el mundo ahora?

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Written by corazondepatata

16 diciembre, 2010 at 0:04

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Pragmatismo e idealismo

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Uno de los temas recurrentes en la vida política de cualquier país es el sistema electoral, a quién votar (o dejar de votar) y la relación directa de todo ello con la existencia o no de democracia. En nuestro país es especialmente lacerante el asunto, por un lado porque el sistema favorece descaradamente el bipartidismo (excepto en circuscripciones con fuerte implantación de partidos nacionalistas, donde éstos tienen muchas chances de ganar). Y digo por un lado, porque por otro el tema renace casi cada día también gracias a actitudes de muchos que ignoran totalmente lo que es el pragmatismo, y cómo debe de relacionarse con el idealismo. Sobre ello me gustaría reflexionar.

Cuando se habla de pragmatismo, sin duda no deberíamos de confundirlo con derrotismo o esos llamamientos a abandonar las ideas “porque están caducas”, caducas porque alguien interesado en ello así lo ha decidido, claro. Pragmatismo se debería de entender como posibilismo, o dicho de otra manera, el saber elegir, entre las opciones de las que disponemos, cual es la que más nos conviene. Nada de ello tiene que ver con abandonar las ideas sino más bien encontrar, entre las opciones, aquella que más nos va a acercar a su consecución.

Bajo este prisma, encuentro difícil justificar el abandonar el derecho a votar que tenemos: Sea cual sea la opción que nos convenga, que ese es otro tema, para llegar a tener un gobierno de izquierdas, lo que no tiene sentido es pensar que por no ejercer el derecho al voto vamos a llegar a él antes. Ni siquiera si somos partidarios de una revolución armada, algo que por otra parte considero especialmente estúpido en este mundo, no por ello deja de tener sentido el ir a votar a quien más nos puede beneficiar. Los manidos argumentos en contra de “justificar el sistema al ir a votar” son absurdos en su misma base: Nunca, en toda la historia, ningún régimen en el que se admitiera el sufragio universal de representantes, ha sido removido porque los votantes dejasen de acudir a las urnas; si alguna vez coincidieron ambas circunstancias es, sin duda, consecuencia, no causa, del desmoronamiento del régimen. Y sistemas con abstenciones altísimas gozan de perfecta salud, como por ejemplo EEUU, que apenas llega, en los momentos de mayor euforia, a superar la participación de la mitad de los posibles votantes.

De igual manera encuentro muy difícil de justificar, aunque sin duda sea más sostenible, el voto minoritario que sabemos de poco va a servir: Quizás ese grupúsculo se acerque más a nuestros ideales, pero no por ello nuestros ideales se van a acercar a nosotros si votarles no sirve absolutamente para nada. Esta última parte es la que es dudosa: Ciertamente, y nuestro país no es la excepción, muchos o pocos votos pueden suponer no un diputado, pero si por ejemplo fondos para esa formación, o incluso un mayor eco social que podría, en un futuro, convertirse en diputados o en un gobierno, incluso.

Pero encuentro esta justificación bastante endeble: la política es una carrera de fondo, si, en la que tenemos que pensar a largo y/o medio plazo para llegar a ideales que estén lejos de la realidad (como lamentablemente son los de la izquierda), pero es muy dudoso que una formación política, que suelen evolucionar más rápidamente que las circunstancias momentáneas de la contingencia diaria, mantenga su ritmo, consistencia y coherencia necesaria. Lamentablemente en la izquierda abunda el maguferío, el oportunismo y la idiocia disfrazada de buen rollete, siempre dispuesta a torcer un buen proyecto.

En cualquier caso, aunque discutible, tiene desde luego más visos de realidad que la simple y pura abstención, eso seguro. Pero hay una tercera opción, que juraría es mucho más realista: Apoyar con el voto a las formaciones que tienen a día de hoy alguna posibilidad real de alcanzar algún escaño, y que se acerquen más a nuestras ideas. O dicho de otra forma, votar a quien más se parezca a lo que queremos. No me cabe ninguna duda de que en nuestro país la única formación que cumple estos requisitos es Izquierda Unida: Por un lado, no es este el post en el que analizar si una formación puede ser de izquierdas y a la vez nacionalista, mi postura es un no categórico, pero si quien lea esto piensa lo contrario quizás deba de optar por alguna de esas formaciones: Con nuestro sistema electoral lo tienen mucho más fácil llegar a tener representación parlamentaria, al nivel que sea, que IU. Lamentablemente, diría yo.

Pero no entraré en el detalle de nacionalismo versus izquierda: con el poco tiempo que tengo lo dejo para otro post. Solo querría señalar un último matiz de nuestro sistema electoral a sopesar muy bien: Dependiendo del distrito electoral, incluso votar a IU puede ser un acto inútil de fe: Seguirá sirviendo, como dije hace un par de párrafos, para que la formación reciba más ayudas o eco social, pero en algunos casos podemos tener la certeza absoluta de que equivale a tirar el voto. Un punto de vista mínimamente responsable precisa no solo sopesar el voto en sí, también hay que mirar con detenimiento el histórico del distrito en el que votamos, y si se disponen de encuestas de dicho distrito, aunque no crea mucho en ellas, también no está de más valorarlas, para saber si realmente merece la pena el voto que teníamos pensado. Incluso, mal que nos pese, puede convenir el votar al PSOE, si la alternativa es dar un representante a la extrema derecha que copa, a día de hoy, la cúpula del PP, y solo esa: NUNCA hay que olvidarse de que las votaciones sobre todo tienen un efecto inmediato: Colocan a una serie de gente en las esferas del poder que tienen poder decisorio directo e inmediato sobre la legislación que padecemos… o disfrutamos.

Un último apunte: Es de señalar que a lo largo de toda esta reflexión no he tocado para nada ningún tipo de “mensaje” que lanzar a los políticos. Eso de “Lanzar un mensaje a los políticos” es una de las grandes memeces que más se escuchan en cuanto llega una cita electoral. Con nuestro voto no lanzamos ningún mensaje, y si lo hiciéramos nadie lo oiría: Los políticos INTERPRETAN los votos según conveniencia, todo lo más, si pierden votos a chorreo, llegan a hablar de mensajes del electorado… En el sentido que más les conviene. Si quieres lanzar un mensaje a un político mándale un mail, una carta postal o búscalo por la calle y díselo, pero usa el voto para lo que es: Para elegir a los políticos que van a dictar cómo se rige lo público: Es lo que más te conviene.

Written by corazondepatata

16 julio, 2010 at 12:57

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A vueltas con Sokal

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Muy bien resumido el libro de Sokal que mencionaba varios artículos más abajo en este blog.  Solo una pequeña muestra de lo que ahí se dice:

Y pongamos las cosas claras. No es la primera vez en la historia de la ciencia moderna que individuos de otras áreas del conocimiento humano intentaron apropiarse de conocimientos del área científica para tratar de adecuarlos al estudio que se genera en ciencias sociales, políticas o incluso en cuestiones estéticas. Pero esta quizás sí sea la primera vez que este uso se hace de manera generalizada, lo que dio origen a posiciones filosóficas que se conocen con el nombre de Postmodernismo, o en el área social dio origen a lo que Marcos Roitman Rosenmann en su libro “El Pensamiento Sistémico” llama “pensamiento débil” o “pensamiento social-conformista”. Como quiera que sea, entonces y actualmente, es frecuente ver en textos de ciencias sociales o de filosofía obscuras invocaciones a “teorías de sistemas”, o “conocimientos topológicos”, o “evolución de sistemas sociales” como si la sociedad en su conjunto y los individuos “evolucionaran” igual que los seres vivos en la teoría biológica de la evolución. En fin, da la impresión de que en algún momento dado, ciertos discursos y ciertos intelectuales necesitaran del prestigio de las ciencias exactas para justificar y sustentar su trabajo

Lo que, añado yo, denota una seria pobreza intelectual muy cercana a los vendedores de horóscopos, pulseritas mágicas o religiones, que de un tiempo a esta parte se empeñan en etiquetar sus absurdas creencias de “científicas” a base de extraños vericuetos mentales.

Por último, magnífico este párrafo:

el fondo del libro es la ciencia, su mala interpretación y la necesidad que hay de evidenciar esto. En un post anterior, Antonio Tormo mencionó la importancia de que los científicos salgan de sus cubículos y laboratorios y se involucren, por muchas razones, en lo que está aconteciendo en sus sociedades. Bueno, pues este libro cumple con ese propósito y lo hace con creces. Y además es importante mencionar que si bien existe un cierto desprestigio del antirracionalismo posmodernista éste todavía se encuentra vigente de una manera u otra en los medios de comunicación (como ya se ha evidenciado varias veces aquí), en las aulas de las facultades de humanidades y ciencias sociales, y que en su versión social de “pensamiento débil” actúa como marco teórico en las justificaciones que hay detrás del famoso Plan Bolonia contra la educación superior, o en el plan de educación en México. También se encuentra en muchas de las manifestaciones políticas de la izquierda esotérica que cree que el ataque a la racionalidad y la Ilustración es equivalente a realizar una revolución en el Palacio de Octubre del pensamiento, o una guerra de guerrillas en las aulas universitarias.

Written by corazondepatata

21 mayo, 2010 at 9:19

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El día de dibujar a Muhamad

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Impagable el blog creado alrededor de la iniciativa.  Sin duda los hay menos graciosos, pero alguno es realmente tronchante. Una iniciativa buenísima para contrarrestar la oleada de fanatismo que nos invade.

Written by corazondepatata

21 mayo, 2010 at 8:22

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Recortes

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No suelo hablar aquí de la actualidad, para eso ya existen otros sitios mucho mejor preparados que yo. A este ritmo, de hecho, imagino que pocas visitas voy a tener. Lo prefiero así, mi intención es sobre todo definirme a mí mismo, con la obligación de “pasar a limpio”, las ideas que me bullen. No suelo hablar de actualidad, pero los recortes de derechos y prestaciones que están, ya, empezando a demoler el llamado “estado del bienestar”, aunque sean noticia, son, también, tema a meditar. A eso voy.

En primer lugar, siempre me ha sonado a chino eso de “estado de bienestar”. Como si fuera un fenómeno natural, que tal y como vino puede irse, o como si no fuera fruto de una lucha dura, constante y que llevó varias generaciones conseguir. Que los logros sociales y de libertades terminen llamados “estado de bienestar” debería de sonar ofensivo a quien los considerase mínimamente propios, porque es imposible considerarlos propios sin valorar el esfuerzo empleado en conseguirlos.

Si en vez de ese nombre tan ridículo lo llamásemos directamente los logros del pueblo, de repente ya no nos sonaría tan banal la cuestión de su pérdida. Porque a eso van: a cargárselos.

Otro lugar común repetido tanto que parecería empezar a tomar cuerpo real es eso de que la gente tiene un nivel de aguante determinado, a partir del cual va a saltar a defender sus derechos. Es falso: La gente saltará cuando considere que hacerlo le va a resultar rentable, y eso es independiente de si está sufriendo una opresión brutal o tan solo una ligera incomodidad. La clave no es la presión, es la conciencia de que se puede contrarrestar.

Y eso no se consigue aumentando la presión, se consigue aumentando la conciencia de las vías para conseguir resultados. A los de abajo nos queda, concretamente, una vía: Actuar juntos, en la dirección correcta. Cuando los de abajo se dan cuenta de eso es cuando empiezan a plantear estrategias concretas de actuación para defender sus derechos: porque las ven plausibles. Si no, máxime si los recortes se van haciendo de manera gradual y disimulada, se puede llevar al conjunto de ciudadanos a una situación de semiesclavitud, y pese a ello seguirán aguantando.

La banca y el sistema financiero nos han metido en una crisis económica a base de elevar sus especulaciones y negocios hasta límites que el mismo sistema no aguanta, y ahora, merced a su control de los aparatos del gobierno, pretenden “sacarnos” de la crisis aumentando aún más sus beneficios, dejando intactas sus reglas de juego que nos metieron en el agujero y apoyándose en los trabajadores.

Y los de abajo lo aguantan: Cientos de “intelectuales” bien pagados o simplemente imbéciles se dedican a argumentar en contra de los funcionarios, como si rebajar sus sueldos fuera a significar el aumento de los empleados por cuenta ajena cuando, al contrario, apoyarán las rebajas de los asalariados al abaratar aún más la oferta de mano de obra, o bien intentan marear la perdiz poniendo como objetivos de la izquierda asuntos totalmente ajenos a la defensa de los intereses económicos y de poder de la clase que se supone representa, o bien directamente agitan banderas nacionales que solo favorecen al capital, o nos imponen el fútbol como vía de escape con la que distraernos…  Legiones de medios intentan por todos los medios no mentar a las serpientes de las clases, la lucha obrera o la conciencia social, los únicos términos que nos podrían permitir salvar lo que está en juego.

Porque no hay otra: Esta es una lucha económica y política entre una clase minoritaria que controla la economía y cada vez más el poder, y el resto, empleados de esa misma clase, a la que venden su esfuerzo por cada vez menos, que cada día deja de acceder a más y más parcelas de poder, distraída con memeces, empeñada en luchas mal dirigidas o directamente contrarias a sus intereses. Una clase que se empeña en olvidarse del pasado, hasta que vea cómo lo repite, con todo su drama, sufrimiento y dolor, para poder llegar a donde estamos, por el único camino que lleva hasta aquí.

Nadie nos va a salvar, salvo nosotros mismos. Juntos.

Written by corazondepatata

13 mayo, 2010 at 12:29

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Charlatanes, 2.0

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Me he encontrado con este artículo en el confidencial, íntimamente relacionado con uno mío anterior. Poco más habría que añadir, salvo que recomiendo encarecidamente la lectura. Sólo destacar un párrafo:

Para los modelos teóricos reinantes, la verdad no es más que fruto del consenso o de los intereses de un grupo social específico, convirtiéndose la ciencia en pura subjetividad. Así, “todo se vuelve dependiente del punto de vista subjetivo de cada uno y los valores morales o los estéticos desplazan a los cognitivos a la hora de ponderar afirmaciones acerca de supuestos hechos” (p.342)

Y todo eso, dice Sokal, lo disfrazan con el uso de terminología rebuscada y pretendidamente científica, con el empleo de una erudición banal, dando como resultado enunciados llamativos, párrafos oscuros y complejos y teorías relativistas incompatibles con el simple análisis de la realidad. Y eso es pernicioso en todos los sentidos, pero también políticamente, ya que lejos de hacer mella en ese poder que dicen combatir, desarman la base de toda posible crítica.

Un placer recuperar este espacio, he andado de viaje pero creo que podré escribir algo más en breve.

Written by corazondepatata

13 abril, 2010 at 11:54

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Los media y el elitismo

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A raiz de una discusión en un blog que tiene mucho más sentido de existir que éste, sin ninguna duda, el blog de “las penas del agente Smith”, terminé metiéndome una serie de reflexiones sobre los media que creo interesantes resumir aquí.
Básicamente, el post referido se hacía eco de un trabajador de la televisión que culpabilizaba a los espectadores de la banalización de la información y de la comunicación. Este meme se oye demasiado a menudo, y demasiadas veces en bocas que se afirman como de izquierdas, y contiene implicaciones mucho más profundas de lo que parecen. Este post pretende resumir (seguramente sin éxito) las ideas que me suscitó ese debate.

La culpa de quien emite un programa es de quien lo emite, no de quien lo ve. Éste, si, sostiene el programa al verlo, dándole un valor comercial para vender publicidad o directamente como plataforma de publicidad. ¿Es por eso culpable del contenido? Bueno, estamos demasiado acostumbrados al reparto de culpas que la tentación de responder a esa pregunta que si es muy fuerte. La idea de complicidad nos asalta inmediatamente, como si el espectador tuviera una parte activa en la programación televisiva. ¿No se basan en los baremos de las audiencias para determinar uno u otro contenido?

Bueno, lo primero que habría que definir es de qué manera ese espectador usa la televisión. Ciertamente, si dedicase a verla un esfuerzo considerable, si invirtiera en ella gran parte de su tiempo y dinero, culpabilizarle del resultado tendría bastante más sentido. Lo que pasa es que no es así. La televisión recibe un uso muy concreto: Es un electrodoméstico que usamos para entretenernos, olvidarnos del trabajo y dejar de darle vueltas a la cabeza con los problemas diarios. El frigorífico lo usamos para enfriar y mantener alimentos, la televisión para eso. Quizás haya algún fanático de algún programa que, si, le dedica mucho esfuerzo y energías, y sin duda ese tipo de personas hace mucho porque dichos programas o estilos de programas perduren. Pero no nos engañemos, esos son una minoría, quizás ruidosa, pero minoría: La inmensa mayoría de teleespectadores se limitan a encender su aparato cuando no tienen otra cosa que hacer y no les apetece invertir mucho esfuerzo en el entretenimiento. Algo que, por cierto, no veo porqué debería de ser reprobable de por si.

Un dato que debería de ser tomado en cuenta cuando se hacen estos cálculos pero que se suele olvidar es que cuando al público se le ofrece calidad generalmente la prefiere. Claro está, no lo que el listo de turno considere calidad. Por poner un ejemplo, cuando Buenafuente llegó a las televisiones nacionales competía directamente con un horror (no recuerdo el nombre) que tenía el mismo fin: el entretenimiento con humor. La diferencia era puramente de calidad: Buenafuente, con buenos guionistas, mejor gusto y buenas ideas, arrasó con el horario de noche y el otro horror (sigo sin acordarme) desapareció, después de años copando el mercado.
Lo que no es de recibo es presumir que lo opuesto sería un sesudo programa de literatura, con sesudos “intelectuales” haciendo onanismo intelectual.

Más que indicio de mal gusto del público, el que haya este tipo de programas es indicio de mala gestión de los responsables de los medios. ¿Cómo se determinan esas audiencias? Primeramente se les ofrece, a unas horas concretas, programas determinados que compiten entre sí. Si al lado del programa de Ana Rosa colocas un programa dirigido al mismo público pero elaborado con ingenio, ideas y buen gusto, dudo mucho que esa señora se quedase donde está. En cambio, se ofrece como alternativa algo tan horroroso o más que la señora en cuestión.

Ocurre de igual manera casi siempre: Las alternativas al fútbol son paupérrimas porque, “ya se sabe”, nada compite contra el fútbol. Como resultado el fútbol gana en las audiencias, y la próxima vez se vuelve a poner algo refrito y mal pensado como alternativa, a ser posible aún más barato.
¿Excepciones? Seguramente las habrá, pero culpabilizar a quien elige entre la sarten y el fuego me parece absurdo, la verdad: Hacer mala televisión es barato, basta poner a unos cuantos maleducados a gritar ordinarieces, abrir las puertas a desgraciados con alguna disfunción social deseosos de los cinco minutos de fama a costa de hacer el ridículo o simplemente montar un espectáculo premeditado de “escándalo” de baratillo.
Después el responsable justificará su vagancia diciendo que es lo que la audiencia reclama.

La pose intelectualoide de menosprecio de “la gente” esconde un elitismo muy desagradable para quien se considere mínimamente demócrata.
Si la gente dejase de ver estos programas, ¿se esforzarían los programadores en generar programas de más calidad? Esa es la pregunta, de hecho, porque, también de hecho, ya ha ocurrido antes que el público no haya visto programas de ese calibre. Y la respuesta es, lamentablemente, que no: En ese caso los programadores siguen buscando la ley del mínimo esfuerzo e inversión.
Para cambiar la tendencia la condición indispensable es politizar la televisión, contrariamente a lo que nos repiten machaconamente desde todos lados. Generalmente, dense cuenta, “todos lados” son televisiones privadas, claro.

Pero politizar no quiere decir, como nos insisten en sugerir, convertir los medios en la marioneta de cuatro caciques de pueblo. telemadrid no es politizar, es directamente robar a la res pública para darse autobombo. Politizar quiere decir crear organismos independientes que se sufragen no con intereses comerciales pero se rigan por criterios profesionales, no partidistas. Politizar quiere decir dirigir los medios públicos con criterios de auténtico servicio público.
Por un lado nos dicen que el público es tonto, por otro que la política es mala y hay que alejarla de algo tan básico como la información.

Vía directa al fascismo.

Written by corazondepatata

27 febrero, 2010 at 7:46

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