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Pragmatismo e idealismo

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Uno de los temas recurrentes en la vida política de cualquier país es el sistema electoral, a quién votar (o dejar de votar) y la relación directa de todo ello con la existencia o no de democracia. En nuestro país es especialmente lacerante el asunto, por un lado porque el sistema favorece descaradamente el bipartidismo (excepto en circuscripciones con fuerte implantación de partidos nacionalistas, donde éstos tienen muchas chances de ganar). Y digo por un lado, porque por otro el tema renace casi cada día también gracias a actitudes de muchos que ignoran totalmente lo que es el pragmatismo, y cómo debe de relacionarse con el idealismo. Sobre ello me gustaría reflexionar.

Cuando se habla de pragmatismo, sin duda no deberíamos de confundirlo con derrotismo o esos llamamientos a abandonar las ideas “porque están caducas”, caducas porque alguien interesado en ello así lo ha decidido, claro. Pragmatismo se debería de entender como posibilismo, o dicho de otra manera, el saber elegir, entre las opciones de las que disponemos, cual es la que más nos conviene. Nada de ello tiene que ver con abandonar las ideas sino más bien encontrar, entre las opciones, aquella que más nos va a acercar a su consecución.

Bajo este prisma, encuentro difícil justificar el abandonar el derecho a votar que tenemos: Sea cual sea la opción que nos convenga, que ese es otro tema, para llegar a tener un gobierno de izquierdas, lo que no tiene sentido es pensar que por no ejercer el derecho al voto vamos a llegar a él antes. Ni siquiera si somos partidarios de una revolución armada, algo que por otra parte considero especialmente estúpido en este mundo, no por ello deja de tener sentido el ir a votar a quien más nos puede beneficiar. Los manidos argumentos en contra de “justificar el sistema al ir a votar” son absurdos en su misma base: Nunca, en toda la historia, ningún régimen en el que se admitiera el sufragio universal de representantes, ha sido removido porque los votantes dejasen de acudir a las urnas; si alguna vez coincidieron ambas circunstancias es, sin duda, consecuencia, no causa, del desmoronamiento del régimen. Y sistemas con abstenciones altísimas gozan de perfecta salud, como por ejemplo EEUU, que apenas llega, en los momentos de mayor euforia, a superar la participación de la mitad de los posibles votantes.

De igual manera encuentro muy difícil de justificar, aunque sin duda sea más sostenible, el voto minoritario que sabemos de poco va a servir: Quizás ese grupúsculo se acerque más a nuestros ideales, pero no por ello nuestros ideales se van a acercar a nosotros si votarles no sirve absolutamente para nada. Esta última parte es la que es dudosa: Ciertamente, y nuestro país no es la excepción, muchos o pocos votos pueden suponer no un diputado, pero si por ejemplo fondos para esa formación, o incluso un mayor eco social que podría, en un futuro, convertirse en diputados o en un gobierno, incluso.

Pero encuentro esta justificación bastante endeble: la política es una carrera de fondo, si, en la que tenemos que pensar a largo y/o medio plazo para llegar a ideales que estén lejos de la realidad (como lamentablemente son los de la izquierda), pero es muy dudoso que una formación política, que suelen evolucionar más rápidamente que las circunstancias momentáneas de la contingencia diaria, mantenga su ritmo, consistencia y coherencia necesaria. Lamentablemente en la izquierda abunda el maguferío, el oportunismo y la idiocia disfrazada de buen rollete, siempre dispuesta a torcer un buen proyecto.

En cualquier caso, aunque discutible, tiene desde luego más visos de realidad que la simple y pura abstención, eso seguro. Pero hay una tercera opción, que juraría es mucho más realista: Apoyar con el voto a las formaciones que tienen a día de hoy alguna posibilidad real de alcanzar algún escaño, y que se acerquen más a nuestras ideas. O dicho de otra forma, votar a quien más se parezca a lo que queremos. No me cabe ninguna duda de que en nuestro país la única formación que cumple estos requisitos es Izquierda Unida: Por un lado, no es este el post en el que analizar si una formación puede ser de izquierdas y a la vez nacionalista, mi postura es un no categórico, pero si quien lea esto piensa lo contrario quizás deba de optar por alguna de esas formaciones: Con nuestro sistema electoral lo tienen mucho más fácil llegar a tener representación parlamentaria, al nivel que sea, que IU. Lamentablemente, diría yo.

Pero no entraré en el detalle de nacionalismo versus izquierda: con el poco tiempo que tengo lo dejo para otro post. Solo querría señalar un último matiz de nuestro sistema electoral a sopesar muy bien: Dependiendo del distrito electoral, incluso votar a IU puede ser un acto inútil de fe: Seguirá sirviendo, como dije hace un par de párrafos, para que la formación reciba más ayudas o eco social, pero en algunos casos podemos tener la certeza absoluta de que equivale a tirar el voto. Un punto de vista mínimamente responsable precisa no solo sopesar el voto en sí, también hay que mirar con detenimiento el histórico del distrito en el que votamos, y si se disponen de encuestas de dicho distrito, aunque no crea mucho en ellas, también no está de más valorarlas, para saber si realmente merece la pena el voto que teníamos pensado. Incluso, mal que nos pese, puede convenir el votar al PSOE, si la alternativa es dar un representante a la extrema derecha que copa, a día de hoy, la cúpula del PP, y solo esa: NUNCA hay que olvidarse de que las votaciones sobre todo tienen un efecto inmediato: Colocan a una serie de gente en las esferas del poder que tienen poder decisorio directo e inmediato sobre la legislación que padecemos… o disfrutamos.

Un último apunte: Es de señalar que a lo largo de toda esta reflexión no he tocado para nada ningún tipo de “mensaje” que lanzar a los políticos. Eso de “Lanzar un mensaje a los políticos” es una de las grandes memeces que más se escuchan en cuanto llega una cita electoral. Con nuestro voto no lanzamos ningún mensaje, y si lo hiciéramos nadie lo oiría: Los políticos INTERPRETAN los votos según conveniencia, todo lo más, si pierden votos a chorreo, llegan a hablar de mensajes del electorado… En el sentido que más les conviene. Si quieres lanzar un mensaje a un político mándale un mail, una carta postal o búscalo por la calle y díselo, pero usa el voto para lo que es: Para elegir a los políticos que van a dictar cómo se rige lo público: Es lo que más te conviene.

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Written by corazondepatata

16 julio, 2010 at 12:57

Publicado en Sin categoría