corazondepatata

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Archive for febrero 2010

Los media y el elitismo

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A raiz de una discusión en un blog que tiene mucho más sentido de existir que éste, sin ninguna duda, el blog de “las penas del agente Smith”, terminé metiéndome una serie de reflexiones sobre los media que creo interesantes resumir aquí.
Básicamente, el post referido se hacía eco de un trabajador de la televisión que culpabilizaba a los espectadores de la banalización de la información y de la comunicación. Este meme se oye demasiado a menudo, y demasiadas veces en bocas que se afirman como de izquierdas, y contiene implicaciones mucho más profundas de lo que parecen. Este post pretende resumir (seguramente sin éxito) las ideas que me suscitó ese debate.

La culpa de quien emite un programa es de quien lo emite, no de quien lo ve. Éste, si, sostiene el programa al verlo, dándole un valor comercial para vender publicidad o directamente como plataforma de publicidad. ¿Es por eso culpable del contenido? Bueno, estamos demasiado acostumbrados al reparto de culpas que la tentación de responder a esa pregunta que si es muy fuerte. La idea de complicidad nos asalta inmediatamente, como si el espectador tuviera una parte activa en la programación televisiva. ¿No se basan en los baremos de las audiencias para determinar uno u otro contenido?

Bueno, lo primero que habría que definir es de qué manera ese espectador usa la televisión. Ciertamente, si dedicase a verla un esfuerzo considerable, si invirtiera en ella gran parte de su tiempo y dinero, culpabilizarle del resultado tendría bastante más sentido. Lo que pasa es que no es así. La televisión recibe un uso muy concreto: Es un electrodoméstico que usamos para entretenernos, olvidarnos del trabajo y dejar de darle vueltas a la cabeza con los problemas diarios. El frigorífico lo usamos para enfriar y mantener alimentos, la televisión para eso. Quizás haya algún fanático de algún programa que, si, le dedica mucho esfuerzo y energías, y sin duda ese tipo de personas hace mucho porque dichos programas o estilos de programas perduren. Pero no nos engañemos, esos son una minoría, quizás ruidosa, pero minoría: La inmensa mayoría de teleespectadores se limitan a encender su aparato cuando no tienen otra cosa que hacer y no les apetece invertir mucho esfuerzo en el entretenimiento. Algo que, por cierto, no veo porqué debería de ser reprobable de por si.

Un dato que debería de ser tomado en cuenta cuando se hacen estos cálculos pero que se suele olvidar es que cuando al público se le ofrece calidad generalmente la prefiere. Claro está, no lo que el listo de turno considere calidad. Por poner un ejemplo, cuando Buenafuente llegó a las televisiones nacionales competía directamente con un horror (no recuerdo el nombre) que tenía el mismo fin: el entretenimiento con humor. La diferencia era puramente de calidad: Buenafuente, con buenos guionistas, mejor gusto y buenas ideas, arrasó con el horario de noche y el otro horror (sigo sin acordarme) desapareció, después de años copando el mercado.
Lo que no es de recibo es presumir que lo opuesto sería un sesudo programa de literatura, con sesudos “intelectuales” haciendo onanismo intelectual.

Más que indicio de mal gusto del público, el que haya este tipo de programas es indicio de mala gestión de los responsables de los medios. ¿Cómo se determinan esas audiencias? Primeramente se les ofrece, a unas horas concretas, programas determinados que compiten entre sí. Si al lado del programa de Ana Rosa colocas un programa dirigido al mismo público pero elaborado con ingenio, ideas y buen gusto, dudo mucho que esa señora se quedase donde está. En cambio, se ofrece como alternativa algo tan horroroso o más que la señora en cuestión.

Ocurre de igual manera casi siempre: Las alternativas al fútbol son paupérrimas porque, “ya se sabe”, nada compite contra el fútbol. Como resultado el fútbol gana en las audiencias, y la próxima vez se vuelve a poner algo refrito y mal pensado como alternativa, a ser posible aún más barato.
¿Excepciones? Seguramente las habrá, pero culpabilizar a quien elige entre la sarten y el fuego me parece absurdo, la verdad: Hacer mala televisión es barato, basta poner a unos cuantos maleducados a gritar ordinarieces, abrir las puertas a desgraciados con alguna disfunción social deseosos de los cinco minutos de fama a costa de hacer el ridículo o simplemente montar un espectáculo premeditado de “escándalo” de baratillo.
Después el responsable justificará su vagancia diciendo que es lo que la audiencia reclama.

La pose intelectualoide de menosprecio de “la gente” esconde un elitismo muy desagradable para quien se considere mínimamente demócrata.
Si la gente dejase de ver estos programas, ¿se esforzarían los programadores en generar programas de más calidad? Esa es la pregunta, de hecho, porque, también de hecho, ya ha ocurrido antes que el público no haya visto programas de ese calibre. Y la respuesta es, lamentablemente, que no: En ese caso los programadores siguen buscando la ley del mínimo esfuerzo e inversión.
Para cambiar la tendencia la condición indispensable es politizar la televisión, contrariamente a lo que nos repiten machaconamente desde todos lados. Generalmente, dense cuenta, “todos lados” son televisiones privadas, claro.

Pero politizar no quiere decir, como nos insisten en sugerir, convertir los medios en la marioneta de cuatro caciques de pueblo. telemadrid no es politizar, es directamente robar a la res pública para darse autobombo. Politizar quiere decir crear organismos independientes que se sufragen no con intereses comerciales pero se rigan por criterios profesionales, no partidistas. Politizar quiere decir dirigir los medios públicos con criterios de auténtico servicio público.
Por un lado nos dicen que el público es tonto, por otro que la política es mala y hay que alejarla de algo tan básico como la información.

Vía directa al fascismo.

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Written by corazondepatata

27 febrero, 2010 at 7:46

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Charlatanes, irracionalidad e izquierda

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“Los intelectuales de izquierdas participaron activamente en la vida animada de la cultura obrera. Algunos buscaron compensar el carácter de clase de las instituciones culturales con programas de educación obreros o mediante obras de divulgación  —que conocieron un éxito muy grande—  sobre matemáticas, ciencias y otros temas. Es hiriente constatar que hoy en día sus herederos de izquierdas a menudo privan a los trabajadores de estos instrumentos de emancipación, y nos informan que el ‘proyecto de los Enciclopedistas’ está muerto, que hemos de abandonar las ‘ilusiones’ de la ciencia y de la racionalidad. Será un mensaje que hará felices a los poderosos, satisfechos de monopolizar estos instrumentos para su propio uso.”

Noam Chomsky

Written by corazondepatata

18 febrero, 2010 at 21:34

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De religión e izquierda

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Al hilo de una discusión suscitada en Escolar.net (sitio que recomiendo por lo rápido que se renueva y la cantidad de presentes… Bueno, ¡quién soy yo para recomendar nada!), me gustaría definir un poco cómo pueden relacionarse la izquierda y las creencias en seres superpoderosos, existencia de almas y otros absurdos lógicos.

Independientemente de los términos concretos de esa discusión a mi se me volvió a plantear la cuestión de hasta qué punto es compatible el sostener ideas de izquierda con creer en dioses. Bueno, depende de qué parte de la izquierda entendamos, claro, pero incluso desde las posturas más cercanas a la socialdemocracia la verdad es que cada vez veo más claro que la incompatibilidad entre ambas posturas aumenta a cada década que pasa.

De entrada hay una incompatibilidad básica, si partes desde un punto de vista socialista: La visión materialista debe de definir el análisis de la realidad, o el resto de principios se sostiene difícilmente.  Un análisis que defina la realidad desde fuera de la materia está socavando tanto un análisis económico de la relación de fuerzas entre clases como cualquier planteamiento de acción desde supuestos económicos, para suplantarlo por algún planteamiento alternativo basado en… Bueno, en cualquier cosa menos la realidad material. ¿Que puede ser algún planteamiento paralelo? Sin duda. Ahora falta que dicho planteamiento se pueda llamar de izquierdas, pero de entrada estará partiendo de bases diferentes.

Si seguimos ahondando en la cuestión, lamentablemente, no se detiene ahí el problema. ¿Qué podemos hacer con la idea de construir una alternativa social racional… Si partimos de bases irracionales? Al llegar a este punto me he solido encontrar con un argumento inapelable. Ciertamente, CUALQUIER punto de partida de cualquier sistema mental, y cualquier sistema llamado de izquierdas está incluido, parte de afirmaciones que podemos calificar de irracionales. ¿Porqué deberíamos de construir un mundo más justo? ¿Porqué, ya puestos, deberíamos de construir una sociedad racional? Bien, estoy dispuesto a aceptar que esa afirmación es irracional per se. ¿Y? Hay una diferencia sustancial: Esos puntos de partida son plenamente discutibles desde la razón. Si mañana vd. encuentra un argumento sólido para convencerme de que es preferible una sociedad injusta estoy dispuesto a oírle, dado que usará para ello argumentos basados en algo que comparto: La razón.

La diferencia con cualquier punto de partida religioso es evidente: No comparto esa fe que el creyente me postula como base. Es mas, ¿en qué puedo rebatirle a nadie, si doy es e argumento por válido, si basándose en ese mismo punto me defiende el sexismo, la violencia o la intolerancia hacia el débil?

¿Caminos paralelos? Bueno, he oído muchas veces esa cantinela al reprochar yo la inadecuación de la religión en la izquierda. Sería posible, quizás, hace décadas. Cada día lo veo más imposible. La ofensiva de la sinrazón es apabullante: Creacionismo, maguferías, conspiranoias… La razón está siendo atacada constantemente con una furia sin precedentes desde hace siglos. La religión está en primera línea, y no del lado correcto. Apoyar cualquier aspecto de la religión, a día de hoy, significa dar un respiro y armas a quien no va a dudar en volverse contra los intereses de clase de los trabajadores si ello significa  perder la salvación eterna. Dudo mucho que eso sea nada ni remotamente parecido a un camino paralelo.

Written by corazondepatata

18 febrero, 2010 at 21:29

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De exclusiones y de inclusiones

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Una de las ideas que suelen aparecer cuando surge el tema de la refundación de la izquierda es este: La exclusión o no de algunos sectores que se autotitulan como “de izquierdas”. La corriente imperante (puedo equivocarme, me guío por mi pobre entorno) es que todo vale. Hay que “juntar esfuerzos”, “aunar”, “No hay que perder aliados por dogmas”.

En principio suena razonable dicha postura: Qué mejor postulado que el de la unión, sin duda.

Sinceramente, lo creo profundamente erróneo.

La unión es un concepto básico en la izquierda, porque de hecho es uno de los principios según los cuales puede llegar a tener sentido como opción política:  Solo con la unión de los trabajadores ante el detentador de los medios de producción se puede llegar a combatir su poder. Pero la clave es la unidad… de acción. Es básico que los de abajo se pongan de acuerdo en actuar de la mejor manera posible, y entonces, actuar al unísono en esa dirección. La unidad de boquilla, ante la foto, mientras se actúa de manera descoordinada, es el camino seguro al desastre.

Y ese es el matiz que cambia sustancialmente la ecuación. Muy bonito eso de aunar esfuerzos, etc etc… ¿en qué dirección? ¿O se trata de aunar esfuerzos… por meter gente en la foto, que después se levanta de la silla y tira para su lado? ¿Alguien se cree que así vas a ganarle el pulso a los bancos, a las políticas liberales, a todo el dinero que hay detrás para convencernos de que lo mejor que podemos hacer es suicidarnos?

Como si se tratase de una operación de marqueting ahora resulta que se habla mucho de no excluir, de una opción de izquierdas integradora de todas las tendencias.  Y no. No es una operación de marqueting en la que los principios se negocian para ampliar el mercado. O al menos así lo veo yo. No porque los principios sean inamovibles o sagrados. Es que lo que nos dan a cambio… Simplemente, no merece la pena.

Written by corazondepatata

11 febrero, 2010 at 17:15

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