De exclusiones y de inclusiones
Una de las ideas que suelen aparecer cuando surge el tema de la refundación de la izquierda es este: La exclusión o no de algunos sectores que se autotitulan como “de izquierdas”. La corriente imperante (puedo equivocarme, me guío por mi pobre entorno) es que todo vale. Hay que “juntar esfuerzos”, “aunar”, “No hay que perder aliados por dogmas”.
En principio suena razonable dicha postura: Qué mejor postulado que el de la unión, sin duda.
Sinceramente, lo creo profundamente erróneo.
La unión es un concepto básico en la izquierda, porque de hecho es uno de los principios según los cuales puede llegar a tener sentido como opción política: Solo con la unión de los trabajadores ante el detentador de los medios de producción se puede llegar a combatir su poder. Pero la clave es la unidad… de acción. Es básico que los de abajo se pongan de acuerdo en actuar de la mejor manera posible, y entonces, actuar al unísono en esa dirección. La unidad de boquilla, ante la foto, mientras se actúa de manera descoordinada, es el camino seguro al desastre.
Y ese es el matiz que cambia sustancialmente la ecuación. Muy bonito eso de aunar esfuerzos, etc etc… ¿en qué dirección? ¿O se trata de aunar esfuerzos… por meter gente en la foto, que después se levanta de la silla y tira para su lado? ¿Alguien se cree que así vas a ganarle el pulso a los bancos, a las políticas liberales, a todo el dinero que hay detrás para convencernos de que lo mejor que podemos hacer es suicidarnos?
Como si se tratase de una operación de marqueting ahora resulta que se habla mucho de no excluir, de una opción de izquierdas integradora de todas las tendencias. Y no. No es una operación de marqueting en la que los principios se negocian para ampliar el mercado. O al menos así lo veo yo. No porque los principios sean inamovibles o sagrados. Es que lo que nos dan a cambio… Simplemente, no merece la pena.
